Lejos de las declaraciones públicas del Partido Popular, formación política que se encuentra actualmente en el Gobierno, referentes a que el número de desahucios en España se ha detenido, la realidad es bastante más dramática. La propaganda cargada de optimismo que se proyecta desde Moncloa en relación a esta problemática contrasta con las instantáneas diarias de familias que son echadas de sus viviendas sin contemplaciones, sin importar si hay miembros enfermos, inquilinos menores o si simplemente no tienen otro sitio al que ir.

Y es que la cifra de desahucios en el pasado año apenas varió respecto a 2014; la tendencia experimentó una estabilidad y no un descenso, como promociona el Gobierno habitualmente. Aunque descendieron las ejecuciones hipotecarias, los concursos y las demandas por despido, la triste cara de la moneda es que, pese a la recuperación económica de la que se habla en los medios, el drama de los desahucios continúa con la misma virulencia.

El duro trabajo llevado a cabo en estos años de crisis por distintas asociaciones ciudadanas  o Plataforma de Afectados por la Hipoteca apenas ha servido en la práctica para paliar un porcentaje menor de estos dramas, aunque, por supuesto, es cierto que sin ellas el escenario habría sido de total impunidad y de vía libre para echar a las personas de sus hogares.

La movilización ciudadana, por ejemplo, obligó al presidente del Gobierno Mariano Rajoy a acordar con el Partido Socialista Obrero Español en 2012, principal formación de la oposición, llevar a cabo un pacto sobre los desahucios. No obstante, y con las cifras de desahucios como evidencia, aquel acuerdo no sirvió para absolutamente nada. No hay que olvidar que la socialista Carme Chacón, bajo el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, fue la pionera en potenciar este drama , llegando a fomentar que se agilizasen los desahucios. Ahora, los focos mediáticos parecen haberse alejado del dolor de las familias que son obligadas a salir de sus viviendas, pero, obviamente, haber olvidado este problema no ha significado que desaparezca.

El domingo  veintiséis del mes de junio de este 2016 se realizarán las decimoterceras elecciones de carácter general en España desde que se vive en democracia en este país ibérico.

Más de 36 millones de españoles tienen derecho al voto, de ellos la mayoría residenciados en el mismo país, pero igual con casi dos millones residenciados en el extranjero. Estos ciudadanos deberán decidir si se renovarán a 558 diputados de los 616 que forman parte de las Cortes de carácter General.

Debido a que España se rige por un sistema parlamentario en donde el presidente se elige a través del Congreso de Diputados y debido a que en las últimas elecciones los votos no fueron los suficientes como para elegir a un presidente se convoca nuevamente a elecciones, ya que el Partido Popular (PP) logró 123 diputados electos pero no fueron los suficientes para ser mayoría ya que se necesitaban un mínimo de 176 diputados,  por lo tanto según los plazos fijados en la Constitución como los diputados no han sido capaces de elegir un presidente el parlamento se disuelve el 2 de mayo y las elecciones serán repetidas nuevamente el 26 de junio.

Por otro lado los líderes de cada partido se han culpado los unos a los otros ya que dicen que por incapacidad no lograron realizar un pacto entre ellos. Mientras que el líder socialista, Pedro Sánchez, comentó que tanto Rajoy como Pablo Iglesias, fueron los responsables de que se repitieran las elecciones.

Según las encuestas los partidos PSOE y Podemos serían quienes perderían más votos en unas nuevas elecciones dejando a favor que el Partido Popular (PP) y Ciudadanos serán los que posiblemente obtengan más diputados a favor logrando así quizás la mayoría de diputados requeridos para poder elegir un nuevo presidente, de igual manera según las nuevas encuestas quien tiene más responsabilidad en la falta de acuerdo y la necesidad de convocar elecciones anticipadas es Pedro Sánchez ya que fracasó anteriormente aunque de igual forma se habla de que los resultados serán parecidos ya que la gente no está dispuesta a cambiar su voto.

Utilizar el terrorismo y el dolor de todas las víctimas y familias que lo han padecido como argumento político y represivo es una de las nuevas corrientes de pensamiento instaladas en la política española. El ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, con la única intención de favorecer la posición estratégica de su partido (PP), ha llegado a sembrar el miedo en el potencial votante al decir que los miembros de ETA preferirían un gobierno en el que estuvieran Podemos y PSOE.

Por su parte, el ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, José Manuel García-Margallo, también ha contribuido a avivar esta campaña del temor democrático al aseverar que, si llegara un entendimiento entre PSOE y Podemos para gobernar, España podría abandonar la coalición internacional de naciones cuyo fin es el de plantar cara, presuntamente, a Daesh. Sin embargo, este tipo de manifestaciones gratuitas están carentes de cualquier tipo de argumentación racional, aunque es cierto que el interés partidista está para algunos políticos por delante de la verdadera lucha contra el terrorismo.

En España, el terrorismo de ETA sigue empleándose como elemento arrojadizo entre partidos; personajes como Esperanza Aguirre (Partido Popular) o periodistas pertenecientes a los sectores mediáticos afines al PP han insistido durante meses en que Podemos “estaba con ETA”. Por su parte, el Partido Socialista Obrero Español, en el argumentario de la pasada campaña electoral, se autoproclamó de manera compulsiva en todos y cada uno de los mítines como el responsable del final de la banda terrorista ETA.

Con la única idea de incidir en el escenario político español y de reconducir los intereses en juego, durante meses se frivolizó desde algunos foros mediáticos cercanos al Partido Popular con la idea de que el atentado del 11 de marzo en Madrid era responsabilidad de ETA, cuando quedó de manifiesta que Al Qaeda era el autor. Poco importaron en aquella cruzada el dolor de las 192 víctimas, llegándose incluso a insultar directamente a familiares de fallecidos como Pilar Manjón.