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BUENOS
AIRES (IPS)
Casi 20 años después del fin de la dictadura
argentina de 1976-1983, opinión pública y gobierno
confluyen hacia el castigo del terrorismo de Estado de aquel
régimen, cuya impunidad fue el germen de otras en distintos
ámbitos de la sociedad.
"En
los últimos años hubo un cambio", que amplió
la adhesión a "valores post materialistas, orientados
hacia una mayor justicia y equidad, al respeto de los derechos
humanos y a una mejor calidad institucional en general",
dijo a IPS la socióloga y encuestadora Graciela Romer.
En encuestas de su empresa, Romer y Asociados, casi 70 por
ciento de los consultados reconocieron que hubo violaciones
a los derechos humanos durante la dictadura, aunque siguen
divididas las opiniones sobre cómo se debe obrar para
cerrar esa etapa trágica.
"Un
40 por ciento cree que hay que dejar que actúe la justicia,
y 23 por ciento sostiene que bastaría que las Fuerzas
Armadas hagan un mea culpa por los delitos cometidos",
señaló Romer.
El nada desdeñable resto se inclinaría por "mirar
adelante", un eufemismo para justificar su rechazo a
la reapertura de los juicios.
Romer destacó que "el clivaje se da en las nuevas
generaciones", ya que son los jóvenes, de 18 a
25 años, los que más se inclinan por poner en
entredicho "la memoria de corto plazo" que signó
los años 90, y exigen que se castigue a los responsables
de los delitos de la dictadura.
En paralelo a los cambios de la opinión pública,
los organismos defensores de los derechos humanos, integrados
en su mayoría por sobrevivientes de la represión
o familiares de detenidos desaparecidos, mantuvieron su reclamo
de justicia.
Esa demanda permaneció incluso luego de que el ex presidente
Carlos Menem (1989-1999) indultó en 1990 a los ex dictadores,
que habían sido los únicos condenados por actos
represivos.
En este nuevo contexto, en el que conviven viejos reclamos
y nuevos apoyos, Romer piensa que el presidente Néstor
Kirchner, impulsor de la reapertura de juicios a represores,
"no está aprovechando" una corriente social
que va contra la impunidad sino que actúa "en
coincidencia con el cambio de valores que se produjo en la
sociedad argentina".
Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, organizaciones de familiares
de víctimas, coincidieron en manifestar su sorpresa
por la voluntad de Kirchner de respaldar la labor de la justicia
a fin de terminar con la impunidad de militares que se mueven
con libertad dentro del país, pese a su responsabilidad
en la desaparición forzada de más de 10.000
personas.
El Centro de Estudios Legales y Sociales, una institución
que reúne a abogados y sociólogos, consideró
que "el fin de la impunidad frente al terrorismo de Estado
expresa un sentimiento profundo de la sociedad argentina"
y valoró el esfuerzo del gobierno por "reconstruir
la base institucional del sistema democrático".
Desde que asumió el 25 de mayo, el presidente reafirmó
varias veces su compromiso con este tema. "La defensa
de los derechos humanos ocupa un lugar central en la agenda
de Argentina" precisó el mandatario, y prometió
que su gobierno será "implacable" en la tarea
de llevar a los militares ante la justicia.
En cuatro meses, Kirchner impulsó la renovación
de la cúpula militar y policial, forzó la renovación
de la Corte Suprema de Justicia, a la cual muchos consideraban
corrupta, derogó un decreto que impedía extraditar
a militares violadores de los derechos humanos y promovió
la anulación de leyes que frenaron los juicios a uniformados,
en la segunda mitad de los años 80.
En consonancia con los nuevos tiempos, el Congreso resolvió
en agosto la nulidad de esas leyes, llamadas de Punto Final
y de Obediencia Debida, que había aprobado en un ambiente
de temor a un nuevo golpe de Estado.
El presidente también ordenó la apertura de
archivos oficiales secretos para echar luz en causas judiciales
pendientes como las de los atentados contra la Embajada de
Israel en 1992 y contra la Asociación Mutual Israelita
Argentina (AMIA) en 1994, y la relacionada con la explosión
presuntamente provocada del arsenal de Río Tercero,
en la central provincia de Córdoba, en 1996.
Tras la anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia
Debida, la justicia reabrió los procesos contra militares
que había interrumpido en 1987, incorporó nuevos
elementos obtenidos en los llamados "juicios por la verdad",
iniciados para esclarecer el paradero de los desaparecidos,
y comenzó a citar a uniformados que actuaron en la
represión.
"La
tarea de la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición
de Personas) fue un acto de valentía, pero en ese momento
los militares tenían todavía mucho poder y el
temor era grande", dijo a IPS el pastor Juan Gattinoni,
uno de los redactores en 1984 del informe de esa comisión,
a partir de testimonios de sobrevivientes de la represión.
El informe fue la base para juzgar a los ex dictadores, pero
el temor se expresó en las leyes de Punto Final y Obediencia
Debida, y "luego llegó lo más terrible",
ya que "el indulto a los militares que estaban presos
desató una etapa de impunidad" mucho más
amplia, afirmó Gattinoni, secretario ejecutivo del
Consejo Latinoamericano de Iglesias.
Durante el gobierno de Menem, autor de los indultos, "la
impunidad fue parte de una política más general
destinada a tapar delitos de corrupción, y otros más
graves como los atentados a la embajada de Israel y a la AMIA".
Para el pastor, las etapas del miedo y de la impunidad quedaron
atrás por una confluencia de factores acompañados
por la permanente labor de los organismos de derechos humanos,
pero el hito fundamental que les puso fin fueron las jornadas
del 19 y 20 de diciembre de 2001.
En esas fechas, grandes movilizaciones callejeras de protesta
forzaron la renuncia a la presidencia de Fernando de la Rúa,
que la había asumido en 1999.
"En
esos días hubo una explosión muy grande de gente
que decía basta a los políticos, basta a la
Corte Suprema de Justicia, basta de impunidad, y entonces
la contradicción fue demasiado fuerte como para seguir
tapando", alegó Gattinoni.
El gobierno de Kirchner tiene, en cambio, una línea
de "abrir" los temas a la sociedad, y "parece
que entramos en una etapa en la que se intenta superar el
paternalismo de creer que hay que tapar los temas del pasado
para no correr riesgos", opinó. (FIN)
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