| En
las manos de ELLOS
El comportamiento de los hombres, influenciado por percepciones
sobre la masculinidad, determina cuán rápidamente
y a quién se transmite el VIH.
Por
Martin Foreman
LONDRES.-
En las últimas dos décadas aprendimos algunas lecciones
acerca de la prevención del SIDA. Una de ellas es que esta
pandemia está conducida por los hombres.
El
VIH se transmite principalmente a través del sexo entre hombres
y mujeres. Sin embargo, los hombres tienen más parejas sexuales
que las mujeres y tienden a controlar la frecuencia y la forma en
que mantienen relaciones. Además, las mujeres son fisiológicamente
más susceptibles frente al virus. Por estas razones, es el
comportamiento de los hombres el que determina cuán rápidamente,
y a quién, se transmite el VIH.
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Este
comportamiento está fuertemente influenciado por las
percepciones sobre la masculinidad. La mayoría de culturas
espera que los hombres sean sexualmente activos, con frecuencia
con más de una pareja. Las actitudes frente al riesgo
provocan que muchos hombres rechacen los preservativos por
"poco masculinos" o consideren las enfermedades
de transmisión sexual como un mero inconveniente. Las
mismas actitudes llevan a otros a probar y a volverse adictos
a las drogas inyectables.
En
todo el mundo, los conceptos de masculinidad están
cambiando. Sin embargo, se espera que los hombres sean fuertes,
que sean los principales proveedores de alimento y techo para
sus familias y que se defiendan a sí mismos, a los
suyos y a sus sociedades de los agresores. Tradicionalmente
son los hombres, no las mujeres, los que corren riesgos, ya
sea peleando batallas, escalando montañas, corriendo
carreras de autos o inyectándose drogas.
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Crédito:
Fabricio Vanden Boeck/México
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Las
ideas de "qué hace a un hombre" varían.
En algunas sociedades, un hombre puede ser afeminado a los ojos
occidentales, pero es muy viril si ha cumplido con sus deberes para
con la comunidad, al casarse y tener hijos. En contraste, en la
misma sociedad, se dice que un soltero "todavía no es
un hombre", aunque puede ser muy masculino en términos
occidentales.
En
algunas culturas, como en gran parte de América Latina, un
hombre que penetra a otro hombre todavía es considerado viril.
Sin embargo, cuando un hombre es penetrado, casi siempre es estigmatizado
como afeminado, excepto en unas pocas sociedades como la de los
Keraki de Nueva Guinea, donde los niños "se convierten
en hombres" mediante relaciones anales receptivas.
Los
hombres que mantienen relaciones sexuales con otros hombres corren
un riesgo particular. La discriminación y la hostilidad en
muchas sociedades inducen a los hombres a ser reacios a admitir
su comportamiento. Y aunque el sexo entre hombres ocurre en todas
las sociedades, muchos gobiernos ignoran la necesidad de proteger
a los hombres que tienen sexo con hombres y a sus parejas mujeres.
No
todo hombre está expuesto a contraer o transmitir el VIH.
En todo el mundo, tal vez no más de uno cada cuatro hombres
se pone en peligro a sí mismo y a sus parejas masculinas
o femeninas. Pero esa cifra aún representa a cientos de millones
de hombres.
Ese
comportamiento no significa que los hombres son "responsables"
de la pandemia de SIDA. Los hombres también corren riesgos,
ya que no pueden transmitir el virus a otros a menos que lo contraigan
ellos primero. Aunque algunos actúen de manera irresponsable
a sabiendas, circunstancias sociales y físicas impiden que
muchos otros puedan protegerse. Algunos hombres, inclusive adolescentes,
transexuales y travestis, así como otros más pobres
o física o psicológicamente más débiles,
son particularmente vulnerables.
Las
mujeres han sido el blanco de muchos programas de prevención
del VIH/SIDA. Y aunque muchos han jugado un rol importante en la
toma de conciencia sobre la enfermedad, son insuficientes: las mujeres
no pueden protegerse a menos que los hombres hagan lo mismo.
La
pregunta es: ¿puede el hombre ser persuadido de cambiar y
le permitirán los conceptos de masculinidad ser responsable?
Puede ocurrir que se necesiten cambios más profundos en la
sociedad antes de que la pandemia del SIDA pueda ser contenida.
Muchos
hombres asumen que la solución para prevenir el VIH puede
encontrarse en las estructuras y valores sociales ya existentes.
Eso puede ser cierto, pero la continua expansión de la pandemia
sugiere que el drástico avance necesario para combatir el
VIH dependerá de cambios radicales en esas estructuras y
valores, especialmente con respecto al papel de hombres y mujeres.
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Foreman es director del Programa de SIDA del Instituto Panos.
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