BRASIL: Costo del transporte agrava desigualdad Por Mario OsavaRIO DE JANEIRO, 15 abr (IPS) - El brasileño Wilson Minas, de 47 años y con
cuatro hijos, se despierta a las 4.00 de la mañana y viaja casi dos horas
en tres vehículos para llegar al trabajo en un barrio de clase media de Río
de Janeiro. Sus gastos mensuales en transporte equivalen al salario de 400
reales (138 dólares).
Su ocupación sólo deja de ser inviable porque en Brasil se instituyó en
los años 80 el ”vale-transporte”, por el cual las empresas tienen que
costear la locomoción de sus empleados entre el lugar de residencia y el de
trabajo.
La administración del edificio donde Minas trabaja como limpiador le
paga 340 reales (117 dólares) mensuales en vales-transporte, a los cuales
él agrega un poco más para viajar en mini-buses que cuestan cuatro reales
(1,38 dólares), pero son más rápidos y cómodos que los autobuses y el tren,
que cuestan entre 46 y 58 centavos de dólar.
Su ”opción” de vivir en Queimados, una ciudad periférica del área
metropolitana de Río de Janeiro, se debió a que sólo allí pudo adquirir un
terreno y a que ”el gobierno financia la construcción de viviendas
solamente en sitios lejanos”, explicó. ”Y el salario no permite pagar
arriendo”, acotó.
Hoy, Minas prefiere vivir lejos, donde ”no hay ladrones y los niños
juegan libres, con la puerta abierta”. Su experiencia anterior, en una
”favela” (barrio hacinado construido ilegalmente) cerca del centro de Río,
dejó de ser alternativa a causa de la ”violencia del tráfico de drogas”.
Pese a todo, Minas es un privilegiado entre los pobres brasileños, por
su empleo formal que además del sueldo regular le asegura el transporte.
El alto costo de los transportes urbanos constituye uno de los
principales factores de desigualdad y agravamiento de la pobreza en las
áreas metropolitanas de Brasil, según una investigación del Instituto de
Desarrollo e Información en Transporte (ITRANS), divulgada este jueves en
Brasilia.
El estudio ”Movilidad y Pobreza” estudió a personas que ganan menos de
tres salarios mínimos nacionales (equivalente hoy a 248 dólares), es decir
45 por ciento de la población urbana brasileña. Los datos, sin embargo, se
limitan a las regiones metropolitanas de Sao Paulo, Río de Janeiro, Belo
Horizonte y Recife.
El transporte se convirtió en un obstáculo insuperable para que los
pobres obtengan empleos, dijo a IPS Mauricio Cadaval, presidente del ITRANS.
En general, los pobres sin empleos viven en barrios distantes de los
sitios con oferta de empleos y no pueden pagar el transporte para buscar
trabajo. Además, las empresas rechazan a los postulantes que viven muy
lejos y requieren más de un medio de transporte para trabajar, explicó.
Tales dificultades llevan a este sector de población a engrosar las
filas de los ”desalentados”, que desisten de buscar trabajo, y por ello ni
siquiera entran en las estadísticas del desempleo abierto. Si hubiera un
transporte más accesible, los índices de desocupación serían más elevados
que el 12 por ciento actual, observó Cadaval.
El vale-transporte, creado para beneficiar a los trabajadores pobres,
gana así un efecto perverso. Para evitar costos adicionales, las empresas
se niegan a contratar justamente a quienes, debido a la pobreza, se ven
obligados a vivir en barrios más lejanos.
Entre 62,9 y 76,8 por ciento de los usuarios pobres del transporte
público en las cuatro regiones metropolitanas están excluidos de cualquier
ayuda para locomoción, según el estudio de ITRANS.
El beneficio ”perdió su foco” y ya no cumple su objetivo de combatir la
desigualdad social, de la que Brasil es campeón mundial, sostuvo Cadaval.
Al contrario, gran parte de los vales-transporte van a manos de empleados
con buenos salarios y que viajan en sus propios automóviles.
Estos venden sus vales a intermediarios que los revenden a los usuarios
del transporte colectivo, alimentando un comercio ilegal cuyas ganancias
provienen de los pobres.
Mientras, caminar durante horas se hizo una alternativa creciente para
los más pobres, como los desempleados, los ocupados en el mercado informal
o aquellos de bajos sueldos. Hay quienes caminan decenas de kilómetros
diarios, ”con un desgaste físico enorme”, dijo Cadaval.
Con todo, el estudio identificó al menos un aspecto positivo. La
expansión de las escuelas y puestos de salud hacia barrios periféricos,
permitió a los pobres acceso a estos servicios sin gastar en transporte.
Pero otros datos, como la gran caída de pasajeros en los fines de
semana, indican que los residentes de barrios pobres renuncian al
esparcimiento por el costo de autobuses y otros medios de locomoción,
señaló el experto.
El estudio de ITRANS busca ”despertar a los dirigentes” del gobierno y
de la sociedad en esta cuestión olvidada, considerada ”una de las
dimensiones de la pobreza”, junto a la educación, la salud, la vivienda y
la alimentación, y así contribuir al desarrollo de nuevas políticas,
concluyó Cadaval.
(FIN/2004) Envíe sus comentarios al editor |