| La pandemia de
sida se alimenta del prejuicio y la desidia. Al elevar la mortalidad
y la incidencia de otras enfermedades infecciosas, como la tuberculosis
y la hepatitis, el VIH desató una crisis sanitaria mundial de
proporciones inéditas. Pero la crisis va más allá de la salud:
afecta los derechos humanos, por la marginación de las víctimas;
la situación de la infancia, pues millones de huérfanos deben
valerse por sí mismos, y el desarrollo, dado el gasto que origina
el tratamiento y la caída de la productividad por la muerte
y debilidad de los trabajadores. Nuevos tratamientos abren esperanzas,
pero sólo en el Norte industrial. Lea más en IPS Noticias. |