| Cronología
de la matanza de Bojayá BELLAVISTA,
Colombia, oct (IPS) Los hechos reseñados
aquí ocurrieron entre el 21 de abril y
el 11 de mayo de 2002 en el departamento de Chocó,
noroeste de Colombia, y tuvieron como epicentro
Bellavista, un caserío de poco más
de 1.000 habitantes tendido sobre el río
Atrato, cabecera municipal de Bojayá.
El 21 de abril, al menos siete
lanchas con unos 250 paramilitares ultraderechistas
llegaron a Bellavista y al vecino Vigía
del Fuerte, procedentes de Turbo, en el golfo
de Urabá, donde desemboca el río
Atrato.
Los dejaron pasar un retén
permanente de la marina de guerra en Punta Turbo,
otro de la policía y un tercero del ejército
en Riosucio, 157 kilómetros al norte de
Bellavista.
Entre ese día y el 30
de abril, aterrizaron en la pista de Vigía
del Fuerte, frente a Bellavista, varias avionetas,
una de ellas identificada con las siglas AUC (Autodefensas
Unidas de Colombia).
A bordo de las aeronaves estaban
los jefes paramilitares Wilson Chaverra, ex alcalde
de Vigía (1995-1997), “El Brujo”,
comandante paramilitar de Quibdó, 228 kilómetros
al sur y capital departamental, y el jefe del
bloque "Elmer Cárdenas" de las
AUC, Freddy Rendón, alias “El Alemán”.
Los paramilitares se establecieron
en ambos poblados, mientras la guerrilla de las
izquierdistas Fuerzas Armadas Revolucionarias
de Colombia (FARC) observaba desde el área
rural.
La comunidad de Bellavista presentó
al jefe paramilitar “Camilo” un reglamento
interno, como han hecho todos los caseríos
de la Asociación Campesina Integral del
Atrato (ACIA), anunciando que ningún grupo
armado era bienvenido.
“Camilo” contestó
que habían llegado a “limpiar el
Atrato como lo hicimos en Urabá”,
zona bananera escenario de cruentas matanzas.
El 23 de abril, la Oficina de
la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para
los Derechos Humanos (OACNUDH) expresó
al gobierno colombiano su “preocupación”
por la incursión paramilitar, y lo instó
a tomar medidas para proteger a los civiles.
El 24 y el 26, se unieron a la
advertencia de la agencia de la Organización
de las Naciones Unidas dos organismos de control,
la Procuraduría General de la Nación,
mediante una “solicitud urgente”,
y la Defensoría del Pueblo (ombudsman),
con una alerta temprana, motivada a su vez por
un SOS de la católica Diócesis de
Quibdó.
El combate se inició poco
antes de las seis de la mañana del 1 de
mayo.
Los habitantes del diminuto casco
urbano de Bellavista tenían la consigna
de refugiarse en la iglesia, de 117 metros cuadrados
y uno de los pocos edificios de ladrillo, en caso
de combates. Unas 300 personas así lo hicieron.
Permanecieron allí 27
horas, resguardadas por un portón de madera
y por el Derecho Internacional Humanitario, que
protege los lugares de culto.
Otras 100 personas se refugiaron
en la casa cural, que comparte pared con la iglesia
por el norte, y 80 más en la de las Misioneras
Agustinas, en el predio siguiente hacia el sur.
En la mañana del 2 de
mayo, las FARC estaban en la periferia del poblado,
a unos 400 metros de la iglesia. Los paramilitares
seguían en el centro, parapetados tras
las casas vacías, y especialmente en los
alrededores de los tres refugios.
La guerrilla comunicó
más tarde que “jamás hubo
la intencionalidad de causarle daño a la
comunidad”, pero la verdad es que lanzó
al menos cuatro pipetas de gas rellenas de explosivos
hacia el sitio donde estaba concentrada la población.
La tercera pipeta fue lanzada
a las 10:45 horas e impactó en el altar.
Murieron 119 personas. La cuarta se disparó
incluso después de la tragedia aunque,
como la segunda, no explotó.
Tras el primer estallido, los
paramilitares comenzaron a presionar desde el
atrio para que los dejaran entrar a la iglesia,
a resguardarse con los civiles.
Los pobladores se amontonaron
en torno del altar, mientras el párroco
Antún Ramos y algunos líderes discutían
puerta mediante con los paramilitares: "¡Retírense
de aquí!".
El 3 de mayo, las FARC anunciaron
su triunfo militar y el 4 permitieron que seis
personas, entre ellas Antún y el compositor
analfabeto Domingo Valencia, regresaran a Bellavista
a recoger los muertos.
“Cuando yo entré
a la iglesia/ Y vi a la gente destrozada / Se
me apretó el corazón/
Mientras mis ojos lloraban”,
recuerda Valencia en su “Canción
del 2 de Mayo”.
Desde el 4, la fuerza aérea
hizo sobrevuelos, bombardeó y ametralló
cerca de las poblaciones.
Las primeras comisiones humanitarias
de la Diócesis de Quibdó comenzaron
a llegar por río.
En una de ellas, el día
5, llegaron con el ombudsman regional dos periodistas,
el español Francisco Gómez Nadal
y el reportero gráfico colombiano Jesús
Abad Colorado. Navegaban a contravía de
embarcaciones repletas de desplazados con rumbo
a Quibdó, que anunciaban la magnitud de
la tragedia. En Bellavista aún estaba la
guerrilla.
Mientras, desesperados reporteros
de medios nacionales e internacionales tuvieron
que “arañar” la información
desde Quibdó, pues fueron obligados a retroceder
por el coronel Orlando Pulido Rojas, comandante
del Batallón Manosalva de la IV Brigada
del ejército.
El oficial justificó su
accionar por "los continuos bombardeos que
están realizando los aviones arpía
y fantasma sobre toda embarcación movilizada
sobre el río Atrato”.
Las FARC se replegaron de Vigía
del Fuerte y Bellavista poco antes de que llegara
el ejército, el día 7.
Varios sobrevivientes que intentaron
retornar vieron en Bellavista a paramilitares
vistiendo sus propias ropas, que habían
robado en sus casas.
El 8 aterrizaron cinco helicópteros.
De dos de ellos bajó un pelotón
de periodistas. Intentaron cruzar al frente, a
Vigía del Fuerte, pero no se lo permitieron.
Los pobladores cuentan que el
general Mario Montoya, comandante de la IV Brigada
con jurisdicción en la región, extrajo
de su bolsillo un zapatito de niño, de
una marca que jamás se había visto
en el Atrato, lo exhibió cual si fuera
el calzado de uno de los 44 niños muertos
en la iglesia y lloró frente a las cámaras.
El 9 de mayo llegó un
equipo de la Fiscalía Regional de Antioquia.
Su tarea investigativa, que incluía estudios
balísticos, fue interrumpida el 12 porque
el general Montoya advirtió a la Fiscalía
General de la Nación sobre la inminente
toma de Bellavista por parte de la guerrilla.
Pero el equipo en terreno no
recibió ninguna amenaza y declaró
haber estado protegido “en todo momento”
por el ejército y la infantería
de marina.
Mientras, varias avionetas aterrizaban
en Vigía del Fuerte, llevando a comandantes
de las AUC, que se reunieron con integrantes de
las fuerzas militares presentes en el lugar.
El 11, el coronel Pulido Rojas
declaró a OACNUDH que “no había
nadie armado en el pueblo” y que el desplazamiento
de civiles hacia Quibdó se debía
más a la perspectiva de recibir ayuda humanitaria
que al miedo.
EPÍLOGO
La mayoría de los datos
de esta cronología fueron extraídos
del informe de OACNUDH, publicado el 20 de mayo
por el director sueco Anders Kompass, tras haber
reconstruido los hechos personalmente en Bellavista.
Kompass consignó que todos
debían responder por la matanza: FARC,
AUC y Estado.
El gobierno cuestionó
su informe. El Comando de la IV Brigada del Ejército
comunicó que "no comparte las versiones
difundidas, sin fundamento, que pretenden mostrar
posibles convivencias del Ejército y la
Infantería de Marina con grupos de autodefensas
ilegales".
Desde Ginebra, la entonces Alta
Comisionada de la ONU, Mary Robinson, tuvo que
intervenir para respaldar el trabajo de Kompass.
El 14 de junio de 2002 se puso fin a su misión
de tres años en Colombia.
La justicia militar y la Procuraduría
investigaron “por omisión”
a los militares implicados en estos hechos.
El general Montoya continuó
su carrera, fue ascendido y hoy es comandante
del ejército, aunque ha sido señalado
por informes de inteligencia estadounidenses de
haber trabajado junto con las AUC en la Operación
Orión, de reconquista de la Comuna 13 de
Medellín, en octubre de 2002.
En 2005, el teniente coronel
Pulido Rojas fue responsabilizado de negligencia
por este caso y sancionado con una suspensión
de 90 días por la Procuraduría.
“El Alemán”
se desmovilizó en agosto de 2006, en el
marco de polémicas negociaciones con el
gobierno de Álvaro Uribe. En el proceso
judicial que le permitirá acceder a una
pena máxima de ocho años de cárcel,
responsabilizó de la masacre al sacerdote
Antún, por haber reunido a los habitantes
en la iglesia y haber cerrado el portón.
Los sobrevivientes de la matanza
recibieron del Estado una reparación en
dinero de hasta 40.000 dólares por persona.
Y se les construyó un nuevo poblado, al
que fueron compelidos a mudarse en septiembre
de 2007.
Nuevo Bellavista, construido
a un kilómetro del lugar original, fue
inaugurado el 13 de octubre por el propio Uribe,
en compañía de una delegación
estadounidense encabezada por el secretario de
Comercio de ese país, Carlos Gutiérrez,
quien dijo que el Tratado de Libre Comercio (TLC)
entre los dos países es de interés
estratégico.
El Black Caucus (bloque negro)
del Congreso legislativo estadounidense condicionó
su voto afirmativo del TLC al mejoramiento de
la calidad de vida de las comunidades afrocolombianas.
Las FARC continúan en
la región, donde se despliega una presencia
notable de la fuerza pública sobre el río
Atrato. Pero los afluentes siguen dominados por
la guerrilla. (FIN/IPS)
|
| “Este
artículo es parte de una serie de reportajes sobre
Objetivos de Desarrollo del Milenio en el Chocó.
El proyecto que dio origen a este trabajo fue el ganador
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